El miedo siempre ha estado ahí, forma parte de nuestra historia. En sus orígenes sirvió para preservar nuestra especie humana, nos ha sido útil como mecanismo de alerta, nos predispone a la acción… o a la parálisis si se nos convierte en pánico.
De esto se dieron cuenta los dueños del poder y descubrieron que infundir miedo era y sigue siendo un buen recurso para asegurar el control social. Así, no es extraño que cualquier forma de poder sea acompañada del uso del miedo:
La iglesia nos amenaza con el infierno,
el patrón con el desempleo.
El maestro amenaza al niño o niña con reprobarlo,
la clase política con un futuro desastroso cuando no con la represión.
El marido o novio amenazan con golpear o dejar a la esposa
o novia
y el criminal con quitarnos la vida.
Todos ellos lo hacen con el fin de despojarnos sin que protestemos.
La fórmula del éxito de este uso social del miedo reside en la corrupción aceitada con la impunidad, el engaño y el cinismo revestidos de hipocresía, la torpeza y la ineficiencia disfrazadas de tecnocracia que dominan nuestra sociedad.
Una sociedad, una ciudad como la nuestra, con miedo no son ni una sociedad ni una ciudad saludables. ¿Cuáles son las respuestas que como personas y como grupos sociales podemos dar a ese uso social del miedo?
Como siempre, a través de esta exposición, convocamos a la reflexión, al intercambio de puntos de vista con ánimo de encontrar y acordar, entre todos y todas, las mejores opciones de qué hacer y hacerlo juntos y juntas. Es nuestro derecho, es parte de nuestra salud.


Proyecto Urbano y de Salud
Unidad Xochimilco